
Hay recetas que llevan tanto tiempo con nosotros que no nos planteamos de dónde vienen ni a qué se debe su nombre. No obstante, el saber no ocupa lugar y siempre es interesante tirar del hilo y averiguar cuál es el origen de esos platos que nos acompañan en nuestro día a día o que son, como el caso que nos ocupa hoy, todo un emblema gastronómico.
Y es que, aunque la historia culinaria suele asentarse sobre siglos y siglos de tradición, otras costumbres nacen, cuando menos, fortuitamente. Es precisamente así como surgió uno de los aperitivos más venerados en la actualidad, de forma casual y conectada, curiosamente, con el séptimo arte.
Cine y cocina se funden para dar lugar al primer pintxo de la historia
Corrían los años 40 en San Sebastián. En el bar Casa Vallés solía servirse el vino acompañado de platillos de aceitunas, anchoas y guindillas encurtidas. Un día como otro cualquiera, a uno de los clientes del establecimiento se le ocurrió ensartar los tres ingredientes en un único palillo. Como ya habrás podido adivinar, hablamos de las famosísimas gildas. Recibieron este nombre porque, al igual que la protagonista de la película Gilda —interpretada por Rita Hayworth—, que se estrenó en la época, era «verde, salada y un poco picante». El resto es historia. El invento tuvo éxito y se fue extendiendo a los bares de alrededor, abriéndose la puerta a la creación de nuevos pinchos, hoy en día iconos de la cultura culinaria del País Vasco.
Ahora que ya sabes qué originó este peculiar aperitivo, es momento de que te pongas manos a la obra y lo repliques en casa siguiendo la sencilla receta de las gildas.











