
El llamado cold brew coffee es un café que tiene la peculiaridad de que se infusiona en frío, a diferencia del tradicional que se elabora mediante la infusión del café molido en agua caliente. La clave para preparar un auténtico cold brew es compensar la falta de temperatura del agua con tiempo de reposo del café en el agua, por lo tanto, hay que tener en cuenta que este café no se puede preparar para disfrutarlo recién hecho, sino que precisa de un dilatado tiempo de reposo. La ventaja de este sistema es que se puede preparar en cantidad y reservarlo en la nevera para tener siempre un cold brew fresquito y listo para consumir en cualquier momento.
¿En qué se diferencia el cold brew de otros cafés?
La gran diferencia del cold brew con el café espresso, que estamos más acostumbrados a ver en nuestras sobremesas, es que el espresso se prepara pasando agua caliente a alta presión por el café molido en un corto periodo de tiempo, dando lugar a la bebida ácida y amarga que todos conocemos. Sin embargo, la infusión en frío del cold brew permite extraer los sabores del café molido de manera más suave y menos agresiva. Así se resaltan las notas más dulces del café, reduciendo la acidez y el amargor típicos de su versión caliente.

¿Qué necesitamos para hacer un cold brew en casa?
En esta receta, vamos a explicar cómo hacer un cold brew casero sin más equipamiento que un simple frasco de vidrio con tapa, que seguro que tendremos por casa.
Sin embargo, el aspecto más esencial para el éxito de esta bebida es el tipo de café a utilizar: vamos a utilizar café molido con una molienda gruesa. Esto es, el grano debe verse troceado y sentirse arenoso al tacto. El molido no debe ser en ningún caso como un polvo fino. Aunque se puede comprar el café ya molido para cold brew, sobre todo en tiendas de café de especialidad, molerlo en el momento permite que el café mantenga mucha más frescura y aroma. Si vais a comprar el café ya molido, podéis pedir que os lo preparen con el mismo grosor que el que se utiliza para una prensa francesa. Esta molienda va a facilitar la correcta extracción de los sabores sin liberar demasiado amargor, ya que no se desprenden tantos aceites esenciales del café como ocurriría con un molido fino. De hecho, ya que hemos nombrado a la prensa francesa, este utensilio también se puede usar para infusionar en frío el café si disponemos de sitio en la nevera para guardarla.
Respecto al tueste adecuado, aunque la elección es algo personal, en el mundo profesional existe cierto debate. Para hacer el cold brew, hay quienes prefieren granos de tueste claro a medio, ya que el proceso en frío reduce notablemente la acidez, resultando así una bebida más equilibrada y suave. Otra parte, en cambio, opta por un tueste más oscuro, defendiendo que así se consiguen sabores más profundos. Así que este aspecto os lo dejamos a vuestra elección.
Para terminar, antes de ponernos con el paso a paso, el cold brew es perfecto para servir con hielo, ya que al estar frío se va a diluir menos al añadir los cubitos de hielo. Además, lo podemos usar para preparar otras bebidas a base de café, como el granizado de café, un café helado o hasta un capuchino con la leche caliente. Incluso lo podemos encontrar combinado con tónica, una opción perfecta para refrescarnos en un día de calor.
Información de la receta
- Tiempo de preparación: 5 minutos
- Tiempo total: 16 horas
- Raciones: 2
- Categoría: bebidas
- Tipo de cocina: internacional
- Calorías por ración (kcal): 5
Ingredientes del cold brew
- 50 g de café en grano o de molienda gruesa
- 100 ml de agua hirviendo (opcional)
- 100 g de hielo (opcional)
- 300 ml de agua a temperatura ambiente (500 ml si no se usó agua caliente ni hielo)

Utensilios necesarios
- Una cafetera para cold brew o bien, una prensa francesa o un frasco de vidrio con tapa
- Un colador de tela o un filtro de café (en caso de no usar cafetera)
Cómo hacer cold brew
Ponemos 50 g de café en grano en un molinillo. Si vamos a utilizar café ya molido, podemos pasar directamente al paso 3.

Molemos los granos de café con el molinillo dando varias pulsaciones. La molienda debe ser gruesa, similar a la utilizada para la prensa francesa, por lo que un café molido para prensa también nos valdría como sustituto.

Una vez que tenemos el café molido, lo introducimos en el recipiente que vamos a usar para hacer la infusión. Esto puede ser una cafetera para cold brew, si la tenemos, aunque no es necesaria. Podemos hacerlo perfectamente en un frasco de vidrio lo suficientemente grande para contener el café y el agua, y con tapa, para evitar que se contamine con olores externos durante el proceso de reposo.

Ahora, si queremos intensificar las notas ácidas en el sabor de nuestro cold brew, podemos hacer una pequeña infusión de arranque en caliente. Para ello, añadimos 100 ml de agua hirviendo. Este paso es opcional y depende del gusto personal, pues activa los sabores ácidos del café que no se consiguen con la infusión totalmente en frío. Mezclamos y dejamos reposar unos 45 segundos, pero no mucho más de 1 minuto. Si preferimos hacer la infusión totalmente en frío, omitimos este paso y el siguiente.

Pasado el tiempo de reposo, cortamos rápidamente la infusión de arranque añadiendo 100 g de hielo y removemos ligeramente para asegurarnos de que el hielo se mezcle bien.

A continuación, rellenamos el recipiente con 300 ml de agua fría o a temperatura ambiente, o bien, con 500 ml si no hemos hecho la infusión de arranque. Mezclamos ligeramente.

Una vez el café está totalmente cubierto con agua, tapamos el recipiente y lo llevamos a la nevera para dejarlo infusionar de 12 a 16 horas. Dejarlo más tiempo es desaconsejable pues va a desarrollar mucho el amargor y el sabor a madera. También se puede dejar a temperatura ambiente en un lugar fresco. En este último caso, serán necesarias 10 horas de infusión como máximo. No obstante, este método es más irregular por las variaciones de temperatura ambientales. Si hemos usado la prensa francesa, la dejaremos con el émbolo levantado.

Cuando haya pasado el tiempo de reposo, será el momento de filtrar el cold brew. Para ello, usamos un colador de tela o un filtro de café y pasamos el café infusionado en frío por el filtro, para separar el líquido de los granos. Si el filtro es de papel, lo humedecemos primero con agua caliente para quitarle el sabor a papel. Este filtrado debemos hacerlo con cuidado para evitar que queden posos de café en la bebida final.

Ponemos el café ya filtrado en un recipiente limpio y cerrado y ya lo tendríamos listo para consumir tal cual, solo o con leche, al igual que cualquier otro café. Si no lo vamos a tomar en el momento o nos ha sobrado, una vez filtrado, el cold brew se mantiene en buen estado durante varios días en la nevera, lo que lo convierte en una opción muy práctica para preparar con antelación y tener así un café bien fresquito y listo para consumir en cualquier momento.

Resumen fácil de preparación
- Si optamos por café en grano ponemos la cantidad indicada en la receta en el molinillo
- Molemos el café para obtener una molienda gruesa
- Ponemos el café molido en la cafetera o en el recipiente para hacer la infusión
- Opcionalmente, añadimos 100 ml de agua caliente para activar el café y lo dejamos reposar 45 segundos
- En caso de haber añadido agua caliente, cortamos la infusión con los cubitos de hielo
- Rellenamos el recipiente con agua fría para completar la infusión
- Tapamos el café y lo reservamos en la nevera de 12 a 16 horas o en un lugar fresco unas 10 horas
- Filtramos el café con un colador de tela o un filtro para café
- Conservamos el cold brew ya filtrado en la nevera, en un recipiente cerrado hasta el momento de su consumo




















