
El emblemático león que constituye el logo de Peugeot no solo representa a una de las marcas más importantes del mundo del motor, sino que también está estampado en un lugar donde muy pocos esperarían encontrarlo: el molinillo de pimienta, uno de los productos que la empresa fabricaba en sus inicios y que, hoy en día, siguen produciendo con gran éxito y demanda.
Estos mundos, el del menaje y el de los vehículos, que tan alejados parecen a simple vista, no lo están tanto cuando se trata de esta célebre empresa francesa. El porqué lo entenderás una vez ahondemos en los fascinantes orígenes de Peugeot, líder en el sector automovilístico y presente, de una forma insospechada, en nuestro día a día en la cocina.
El origen de Peugeot: una historia familiar ligada al acero
Para entender esta interesante dicotomía de la marca Peugeot es necesario trasladarnos a Hérimoncourt (Doubs, Francia) en 1810, año en que los hermanos Jean-Fréderic y Jean-Pierre II Peugeot se dispusieron a transformar el molino de cereales familiar en una fábrica de acero. A partir de este momento, diferentes ramas de la familia emprenden la producción de productos muy diversos, todos ellos basados en el acero: hojas de sierra, muelles, armaduras de corsés, ballenas de paraguas, piezas de relojería... Tras décadas en el sector, en 1840 la marca diseñó su primer molinillo de café, el punto de partida de los molinillos de pimienta que pueblan nuestro imaginario colectivo.
El molinillo de pimienta de Peugeot: el resultado de una mirada atenta a la evolución de la cocina
Aquel primer modelo de molinillo de café de 1840, al que llamaron «Modelo Ordinario» y a partir de 1870 «Modelo R», estaba fabricado en madera y metal y supuso la entrada de Peugeot por la puerta grande al mundo del menaje. Fueron décadas las que pasaron hasta que vio la luz, en 1874, el «Modelo Z», el primer molinillo de mesa para pimienta de Peugeot.
La aplicación de sus sistemas de molienda al campo de las especias no fue baladí. Y es que la empresa, siempre atenta al mundo que le rodeaba y abierta a la innovación, detectó con gran acierto una nueva necesidad en el ámbito culinario del siglo XIX: se había pasado del «servicio a la francesa» de los siglos XVII y XVIII, donde toda la comida se disponía sobre la mesa en grandes bandejas, al «servicio a la rusa», en la que los platos llegaban a la mesa calientes y de forma secuencial, finalizándose frente al comensal; con este cambio, tanto el comensal como el servicio de mesa requerían herramientas capaces de dar el toque final al plato no solo de manera individual, sino también adaptada al gusto del invitado.

Es aquí donde entra en juego la mentalidad visionaria de Peugeot: ya que la pimienta molida industrialmente pasó a un segundo plano y se prefería una pimienta molida al instante para conservar su aroma y propiedades, inventaron el molinillo de pimienta de mesa con un mecanismo que, en lugar de aplastar los granos, como hacían los morteros tradicionales de la época, atrapaba primero el grano entero y luego lo rebanaba limpiamente en lugar de triturarlo, garantizando así que la pimienta liberara sus aceites esenciales justo en el momento en que caía al plato. Para acompañar la tecnología de un punto estético extra, en aquella primera versión de 1874, los molinillos de pimienta de Peugeot se fabricaban en porcelana fina, plata y metal plateado, con el fin de lucir sofisticados tanto en los restaurantes de lujo como en los comedores de las clases burguesas.
A partir de entonces, Peugeot siguió innovando alrededor de este producto hasta dar en 1987 con el «modelo París», diseño por excelencia de molinillos de pimienta: icónica silueta curvilínea, de formas redondeadas y perfectamente ajustada al agarre de la mano, todo ello terminado con un elegante diseño en madera. Es decir, la forma —además del funcionamiento, claro— que todas las empresas dedicadas al sector han intentado imitar.
La clave del éxito: por qué este molinillo es el mejor para chefs y aficionados
Toda la trayectoria de innovación y cuidado al detalle es la que ha hecho de los molinillos de pimienta de la marca una garantía de calidad, durabilidad y excelencia, utilizada tanto por chefs como por aficionados a la cocina.
Por un lado, su mecanismo de acción es de una precisión absoluta: se trata de un diseño exclusivo conformado por una doble hilera de dientes en espiral que, como ya se ha mencionado, corta el grano en lugar de aplastarlo, realzando de este modo el aroma y sabor de la especia. Por otro lado, los materiales con los que se fabrica aseguran su durabilidad: el acero del mecanismo está endurecido, es de alta resistencia al desgaste y cuenta, por parte de Peugeot, con una garantía de por vida; la madera de su acabado final, de haya europea sostenible, no resbala ni se mancha, lo que hace de este utensilio un elemento muy práctico en cualquier cocina.

Tal ha sido su fama, Peugeot afirma que vende más molinillos que coches, que los molinillos de pimienta de Peugeot protagonizaron una reseñable anécdota en 1930. A Jean Pierre Peugeot, perteneciente a la sexta generación de la familia, en una visita a fábricas de automóviles estadounidenses —para entonces la empresa ya llevaba años insertada en el mundo de los vehículos—, le dijeron durante un banquete que todo lo que había a su alrededor era estadounidense; triunfante, Jean Pierre respondió «casi todo» mientras sostenía en su mano el molinillo de pimienta de la mesa y concluía «excepto esto, que es francés... ¡como Peugeot!».
Misma marca, distintos ámbitos: cómo conviven el motor y el menaje de cocina
Ahora bien, ya conocida la historia de los molinillos de pimienta de Peugeot, ¿cómo es posible que sigan fabricándose cuando la marca es tan conocida por su proyección automovilística? La respuesta es sencilla: la marca tiene dos divisiones, «Peugeot» y «Peugeot Saveurs»; la primera es la de automoción e, integrada en el consorcio global Stellantis, es la encargada de fabricar coches, y la segunda, traducida como «Peugeot Sabores», está especializada en utensilios de cocina (molinillos de pimienta, sal y café, cuchillos, fuentes para horno...).
Para llegar a este punto, la empresa se dividió y se reunificó a lo largo de su historia. A finales del siglo XIX, la empresa quedó en manos de dos primos, Eugène Peugeot y Armand Peugeot. El primero, de visión conservadora, creía que la empresa debía seguir el rumbo que llevaban desde entonces, orientado a las herramientas, los molinillos y los utensilios domésticos; el segundo, más visionario, fue quien introdujo la producción de bicicletas en 1886 y posteriormente tuvo interés en fabricar automóviles, por lo que defendió un cambio de rumbo empresarial. En 1896, ya que no lograron unificar sus visiones, firmaron un acuerdo de separación absoluta. En vista del éxito de la propuesta de Armand, los hijos de Eugène se saltaron el pacto de la familia y empezaron a fabricar sus propios vehículos bajo el nombre de Lion-Peugeot en 1905. Con tal de evitar que el apellido Peugeot perdiera presencia y se diluyera a través de dos empresas diferentes, en 1910 los primos enterraron el hacha de guerra y reunieron todas las marcas en una sola compañía: la Société Anonyme des Automobiles et Cycles Peugeot. El resto es historia.










